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diez

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   e n s a y o
 

 


 

 El acontecimiento traumático de la civilización     occidental,

en el pensamiento de Kertesz

  

Por Jorge Iván Garduño*

 

 

Durante casi ya siete décadas, la sombra fría y alargada que proyectan los campos de concentración nazi y Auschwitz, persisten en recordarnos lo cruel e intolerantes que podemos llegar a ser los seres humanos con nuestros iguales, ya que definitivamente en la historia de la humanidad ésta ha sido la constante.

Y es que así como el siglo XVIII es recordado por la Revolución Industrial que se sucedió en Inglaterra, el siglo XX fue cruelmente marcado por dos guerras mundiales, pero muy en especial por las armas y métodos de destrucción masiva que fueron utilizados a diestra y siniestra, con tanta naturalidad como si de un día de campo se tratara.

Tan profundo y hondo se ha arraigado en la disertación del hombre posterior a la segunda mitad del siglo pasado  la eliminación masiva del pueblo judío, que la cantidad de tinta vertida en papel por pensadores, intelectuales, escritores y filósofos con respecto a la <<gran catarsis>> que esto representó, serviría para llenar sin dificultad el Mar Mediterráneo.

Y un pensador que ha contribuido con su tinta a las disquisiciones filosóficas -dejando a un lado las invenciones poéticas con la finalidad de narrar sus vivencias de manera vital y profunda-, a este respecto es el húngaro Imre Kertesz, quien a la edad de quince años fue deportado a los campos de concentración de Polonia y liberado un año más tarde de Buchenwald, un campo de exterminio nazi.

Kertesz es una de las pocas voces que gozan de la mayor autoridad en los corredores literarios sobre el tema del holocausto, sus ensayos, novelas, discursos, ponencias, guiones y artículos periodísticos así lo demuestran, ya que su trabajo provoca a la reflexión, causando un estremecimiento en el corazón, pues nunca deja al lector indiferente.

Su prosa ensayístico-filosófica emplea los elementos de la vida y los acontecimientos más acuciantes para desbordarse de forma plena en lo que más le interesa: su inquietud existencial y la tensión intelectual que ha de lograr con ella, magistralmente enfrenta la vida y su “yo judío” que, afortunada o desafortunadamente le tocó vivir.

En su experiencia como escritor Kertesz aprendió a separar la realidad de la lengua, el concepto de su contenido, o si se quiere, la ideología de la experiencia, puesto que es una cuestión crucial para el escritor, incluso desde la perspectiva de su oficio, de la técnica literaria; y se ha obligado a constatar que esta realidad no sirve ni para el objetivo de la forma artística ni para el de la transmisión artística, entre otras razones, porque es más pesadilla que realidad.

Kertesz parte de la idea de que en la sociedad los valores son falsos, los conceptos incomprensibles, la existencia arbitraria, su continuidad depende de oscuras relaciones de poder, y mientras la vida domina de manera total, en su interior carece de la misma.

El género humano se pone a escribir una y otra vez y no puede liberarse de la sensación de carencia; Imre Kertesz reconoce que en el que se vive es un mundo ideológico, lleno de secuelas y en el que él eligió el exilio intelectual y a pesar de ser poseedor de una carga literaria avasalladora, al final de todo su discurso sólo muestra una caricatura de nuestros verdaderos pensamientos.

Como lo dice el también galardonado con el Nobel de literatura 2002: “Nuestra mitología moderna empieza con un gigantesco punto negativo: Dios creó al hombre y el ser humano creó Auschwitz”, esto habla muy mal de la humanidad y nos deja pocas alternativas para el futuro.

Imre Kertesz, un pensador que va dejando constancia de que Auschwitz no es en absoluto el asunto privado de los judíos esparcidos por el mundo, sino el acontecimiento traumático de la civilización occidental que algún día se considerará el inicio de una nueva era.

 

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*Fotógrafo, escritor y periodista mexicano

jorgeivangg@hotmail.com




                                                             C U E N T O

 UN DIOS CON MIEDO

 
                                                               Lita López
                                                                                                                                                   legonglasem@gmail.com

Justo ahí, en la nada, su cuerpo recostado sobre el abismo, un dios nuevo descansa de haber nacido, su mente aun es una hoja en blanco, no sabe que se ha creado, solo existe.

 

Un profundo respirar le hace despertar a la vida, sus ojos se abren lentamente, son nuevos, así que debe ser muy despacio, o se estropearan. Su mirada aun es interna, su cuerpo se empieza a dilatar  lentamente cubriendo la nada, de repente, de un movimiento rápido y delicado una de sus manos se extiende, y mientras cae le han brotado insectos de la mano, el cosquilleo de aquellos singulares brotes le ha causado su primer mirada al exterior, hacía la nada.

 

Sus ojos muestran el asombro  al ver esos insectos como si salieran de su nido espantados por algo que ha ocurrido en el interior. Se levanta lentamente, algo le oprime el pecho, sus ojos muestran el asombro y mientras se observa la mano, se levanta lentamente, empieza a reconocerse tocando todo su cuerpo con la mirada, sus ojos son tan grandes con el infinito.

 

Al notarse, sintió  como algo  sacudía  sus entrañas y que poco a poco subía por el pecho, después a  la garganta, sus labios sentían  el cosquillo de aquel sentir hasta llegar a los ojos  haciendo de su mirada un caudal desbordante de agua y la luz que iluminó la nada.  Así al verla por primera vez, toda ante sus pies, decide emprender su viaje de exploración.

 

Mirando la nada y por primera vez, dio un paso sobre el aire, el aire se convirtió en tierra  firme justo ante él, el frío invadió su pecho y algo en su interior se movía con una velocidad casi indescriptible y tenía un sonido tan penetrante y fuerte que la nada ahora no solo tenía luz,  también tenía sonido, el sonido de un corazón.

 

En ese momento de locura él trataba de entender lo que pasaba, ¿Cómo había llegado hasta ese sitio? Y sentir q su cuerpo flotaba y aun a pesar de flotar sus pies parecían estar sujetos a la nada.  Así empezó a dar sus primeros pasos, dando forma a la tierra recorría todos los lugares observando cómo se cubría  a su paso, solo quedaban pequeños huecos por los que no había pasado, sus ojos demostraban la emoción de una creación, caminaba con tal alegría que el viento trataba de seguirle para impregnarse más de ese dios acabado de nacer.

 

Sin saberlo, comenzó a pensar como seria esa nada cubierta por todas las cosas que emanaban de su cuerpo, así que empezó a dar forma a su  aliento con las manos, le dio dirección, sentido y fuerza, empezó a sacudirse todos los insectos y animales que brotaban de él mientras sus dedos se limpian el agua de sus ojos y la depositaba sobre los pequeños orificios que aun no habían sido cubiertos de tierra a falta de trayecto.

 

 

 

 Inmediatamente imagino lo que ocurriría si uno de sus dedos tocaba la tierra, así que se dispuso a que sus manos tocaran  la tierra, sentía que su corazón  saldría del pecho, no sabía lo que ocurriría, de nuevo estaba presente la sensación que le sacudía las entrañas,  presuroso acercó su mano a la tierra, al estar a punto de tocarla un impulso que venía de lo más profundo,  lo detuvo por un instante, pero de nuevo su mente inquieta se hacía presente, y sin saber cómo su mano se encontró con la tierra, empezó a moverse algo, del interior de la tierra venia peleando para poder salir una pequeña rama.  Al darse cuenta de ese pequeño brote se dibujo una sonrisa en su cara y empezó a tocar el suelo por todas partes y por todas partes  brotaban aquellas ramas con hojas de color verde, un verde tan profundo e intenso que a  su alrededor la tierra parecía tomar su color, al ver  todo lo que puede crear, se sacudió tan fuertemente que empezaron a brotar de su cuerpo insectos, flores de todos los colores y el sol y  la luna, partes de sus ojos, ya estaban presentes. Repentinamente, se detuvo, todo le parecía hermoso y perfecto, sin embargo sentía que algo faltaba, así que quiso mirarse para saber que  parte de él le faltaba por ocupar para poder crear, pero no podía crear más, ya todo su cuerpo  parecía lápiz desgastados por tanto escribir, ya casi no le quedaba aliento, casi todo estaba afuera, ahora no tenia cabello, su pecho estaba casi deteriorado.

 

En ese momento se percato que al haber creado todo con partes de él, solo había logrado terminarse poco a poco, no entendía por qué? e  intento tranquilizarse  su corazón cada vez perdía más fuerza al palpitar. Se sentó y trato de pensar, cómo había llegado a ese sitio, quién era él?

 

Después de tanto pensar entendió que él se había creado así mismo, pero aun no sabía por qué él había tomado esa decisión, pero por qué,  seguramente su mente tubo un momento de locura y actuó con voluntad propia, como lo hiso cuando comenzó a crear,  sin conocimiento de él mismo.

 

Estaba ahí casi desaparecido y se preguntaba por qué se estaba acabando al dar vida. Por fin llegó la respuesta, él había decidido formarse por qué no quería ser más un dios, pero, ¿cómo acabaría un dios consigo mismo? él mismo decidió formarse de otra manera, de una manera en que pueda destruirse, así es como se había dado el poder de desintegrarse y  en esos momentos trabajaba en su objetivo, su desaparición final.

 

 

Empezó a mirar todo lo que había creado y pensó, ¡no quiero desaparecer! - quiero seguir siendo un dios, tengo que volver.- Así que decidió retractarse de su propia decisión.

 

Al intentar hacerlo noto que ya no podía, todo su conocimiento y energía  fue utilizado en formarse un cuerpo para poder a si desintegrarse, que no tenía manera de regresar, que esta vez su conocimiento lo había traicionado, que aun a pesar de ser un dios, de ser el todo, se había equivocado.

 

Se sentó sobre uno de los huecos llenos de agua, intento tranquilizarse y pensar, pero solo lo invadía el miedo, se había convertido en un dios con miedo. Un dios temeroso de si mismo.

 



 

P   O   E   S   Í   A

   

 °°°°

                                  

 Armando Hernández

escenalibre@yahoo.com.mx

del serial: poesía que acaricia sueños

 

Trabajamos con la realidad, con nuestros sueños.

Vivimos de sueños, lo demás, lo inventamos para sentir que estamos vivos.

Nuestra creación está hecha de mentiras que nos conducen a la verdad.

Los sueños son la realidad, en ellos nos reflejamos y por ellos vivimos.


Esta tinta

 ésta lágrima la derramo por mí

            por ti

 ésta tinta la derramo en mí

para que pueda caer en ti.


 

pierdo peso

te pierdo a ti

en otra te pude perder

te vi y te perdiste

me encontraste

no viste mi alma abierta

estaba dispuesta a ti

pierdo peso

me ahogo en mi. 


                                                          
99

 

 

mi realidad

mi sueño

¡ay espuma de mar!

que acaricias las olas de arena

y violenta riegas tu ser en las rocas

deja tomarte.

Entre mis dedos…

está tu cielo. 


                                                            

  °°°°°°°°°

 

 

 
 
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